Qué datos necesitamos para presupuestar una etiqueta
Seis datos convierten una consulta vaga en un presupuesto cerrado. Ninguno es técnico: se responden mirando el producto.
Casi todos los retrasos de un pedido nacen en el archivo. Ocho comprobaciones evitan la ronda de correos que va y viene.
Un archivo bien preparado entra en producción el mismo día. Uno mal preparado genera una cadena de correos que puede costar una semana. Esta es la lista con la que se revisa cualquier etiqueta antes de imprimirla.
El documento se monta a la medida real de la etiqueta cortada. Alrededor se añade sangrado: la imagen y los fondos se prolongan más allá del corte —lo habitual son 2 o 3 mm por lado— para que una desviación mínima del troquel no deje una línea blanca en el borde.
Por dentro, hay que dejar libre una franja equivalente: textos, logotipos y códigos no deben acercarse al filo. Si el diseño lleva un marco o un filete a pocos milímetros del corte, cualquier tolerancia se hará visible como asimetría. Un marco es la peor idea posible en una etiqueta pequeña.
Las fotografías e imágenes de mapa de bits deben estar a 300 ppp al tamaño en que se van a imprimir. Ampliar después no añade información: una imagen de 72 ppp descargada de una web seguirá viéndose pixelada por mucho que se aumente su resolución en el programa.
La pantalla trabaja en RGB y la imprenta en CMYK. Si el archivo llega en RGB, la conversión la hace alguien, y es mejor que la haga quien diseñó. Los azules eléctricos, los verdes lima y los naranjas muy saturados son los que peor sobreviven al cambio.
Si hay un color corporativo que no admite variación, hay que indicarlo como tinta directa con su referencia Pantone, no como una mezcla de cuatricromía. Y si hay dorado, plata, blanco o barniz selectivo, cada uno va en su propia tinta, nombrada, y en sobreimpresión.
Convertir el texto a trazados elimina de golpe el problema de las fuentes que no viajan con el archivo. Conviene guardar además una copia con el texto vivo por si hay que corregir una errata.
La forma de corte se entrega como un trazado vectorial, en una capa o tinta propia claramente nombrada, sin relleno y sin formar parte del diseño. Si va mezclada con el arte, acabará impresa.
Se generan como vector, nunca como imagen pixelada, y se respeta la zona de silencio a los lados. Conviene no reducirlos por debajo de las proporciones recomendadas y mantener contraste alto: barras oscuras sobre fondo claro. El rojo sobre blanco no lo lee un escáner.
PDF de imprenta con marcas de corte y sangrado incluido es el estándar. También trabajamos con los originales vectoriales cuando hay que intervenir en el diseño. Un JPG o un PNG sirven para ver la idea, no para producir.
Antes de producir se revisan nombres, direcciones, ingredientes, alérgenos, pesos, precios, fechas, registros, teléfonos y códigos. La preparación gráfica no sustituye a la validación legal o técnica, que corresponde al responsable del producto.
Si no tienes el archivo o hay que rehacerlo, en diseño de etiquetas explicamos qué material hace falta para crearlo desde cero o adaptar uno existente.
Cuéntanos el producto, las medidas y la cantidad aproximada y preparamos una propuesta ajustada.
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Seis datos convierten una consulta vaga en un presupuesto cerrado. Ninguno es técnico: se responden mirando el producto.
Una etiqueta tiene tres capas y las tres se eligen: la cara impresa, el adhesivo y el soporte. Equivocarse en la de en medio es el fallo más caro.
Un rollo puede llevar la etiqueta correcta y aun así no servir. Cuatro datos evitan que el material se quede en el almacén.
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