Qué datos necesitamos para presupuestar una etiqueta
Seis datos convierten una consulta vaga en un presupuesto cerrado. Ninguno es técnico: se responden mirando el producto.
Un código que no se lee en caja bloquea una venta. Lo que falla casi nunca es el código: es cómo se ha impreso.
Un código de barras es una promesa: prometemos que cualquier lector, en cualquier tienda, va a interpretarlo a la primera. Cuando esa promesa falla en la caja de un supermercado, el problema no suele estar en los datos, sino en cómo se ha impreso.
Cada simbología tiene un tamaño nominal y un margen de reducción admisible. Reducir un código por debajo de ese margen para que quepa en el hueco disponible es la causa más frecuente de lecturas fallidas. Si no cabe a un tamaño válido, la solución es reorganizar la etiqueta, no encoger el código.
A izquierda y derecha del símbolo tiene que quedar un espacio libre sin nada impreso. Es la referencia que usa el lector para saber dónde empieza y acaba el código. Un filete decorativo o un texto invadiendo ese margen puede inutilizarlo.
Barras oscuras sobre fondo claro. El negro sobre blanco es el ideal; el azul oscuro y el verde muy oscuro suelen funcionar. Lo que no funciona es rojo, naranja o amarillo como color de barra: muchos lectores trabajan con luz roja y no distinguen esas tintas del fondo. Tampoco funcionan los fondos metalizados o transparentes sin una base opaca detrás.
En impresión térmica conviene orientar las barras de modo que no coincidan con la dirección de avance del cabezal; así un punto defectuoso no corta una barra a lo largo.
El QR admite más maltrato porque incorpora corrección de errores, pero tiene sus propias reglas:
Numeraciones, series, lotes y fechas se imprimen de forma variable, ya sea en la propia producción o en el equipo del cliente. Aquí hay dos comprobaciones que ahorran disgustos: que el rango completo de números esté verificado —no solo el primero— y que el contenido codificado coincida con el texto legible que aparece debajo. Un código correcto con un texto equivocado genera exactamente el mismo problema que al revés.
La prueba definitiva no es visual: es escanear el código impreso, sobre el material y con el acabado definitivos, con un lector real. Un código que se lee perfectamente en pantalla puede fallar impreso sobre kraft o bajo un laminado brillante.
El contenido codificado, las series y la correspondencia con el producto los verifica y aprueba el cliente antes de producir.
En códigos y datos variables detallamos qué información necesitamos para prepararlos.
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Una etiqueta tiene tres capas y las tres se eligen: la cara impresa, el adhesivo y el soporte. Equivocarse en la de en medio es el fallo más caro.
Un rollo puede llevar la etiqueta correcta y aun así no servir. Cuatro datos evitan que el material se quede en el almacén.
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